¡Qué es esto Dios mío! Escuche a una persona decir en relación a la crisis que hoy nos rodea al mundo entero; crisis en la economía, en los valores sociales, en el petróleo, en los empleos, en la familia, en la política, en las leyes constitucionales, entre otras.
La biblia nos relata en el capítulo 5 en los versos 21 al 43 del libro de Marcos una historia que quizás alguno de nosotros como padres la hemos pasado, es la enfermedad de una hija o hijo y su estado agónico cuando habla de la hija de Jairo, pero en esta ocasión no voy a hablar de ese glorioso milagro sino de lo que tuvo que pasar el padre para poder el mismo.
¿Sabía usted que Jairo paso 7 obstáculos antes de ver el milagro realizado y ninguno lo detuvo? En ocasiones estamos llamados a actuar y retrasamos lo que Dios quiere hacer cuando nos detenemos a orar y cuando tenemos que estar orando muchos de nosotros estamos actuando. ¿Se imagina usted que hubiera pasado si Jairo se hubiera detenido a orar antes de ir a donde estaba el maestro? Quizás la historia fuera otra.
Jairo actuó, pero durante ese proceso se enfrento al poder de la traición, al miedo a la perdida, a la multitud, a alguien más primero, a superar la duda y la incredulidad, a la batalla contra las emociones y a superar el reproche, pero sabes;
¡ERA TIEMPO DE ACTUAR! Es parecido a lo que sucedió con Moisés, pero con la diferencia que este en vez de continuar actuando se fue a orar y Dios tuvo que decirle: “¿Por qué clamas a mi?” (Ex. 14:15). Momentos antes, Faraón había permitido a los Israelitas salir de Egipto, y cambio de parecer, queriendo traerlos de vuelta, el y su ejercito los persiguieron. Los Israelitas al igual que muchas veces nosotros también, se aterrorizaron cuando vieron que los egipcios se acercaban. Estaban atrapados en la costa del mar rojo sin poder ir a ninguna parte. Pero Moisés aseguro a Israel que Dios los libraría. Ese era el momento de actuar, no de clamar. Era hora de pasar por en medio del mar, sobre tierra seca.
Hay tiempo de orar y un tiempo de actuar, viendo la crisis existente es tiempo de nosotros como sal de la tierra que somos, el comenzar a darle gusto a este mundo que para muchos sabe a hiel.
Cuando vemos a alguien a quien le falta comida y ropa, lo correcto es suministrar lo que necesitan (Santiago 2:15-16) no irnos a una habitación a orar. Si Dios ya te ha dicho que hacer, no tienes que preguntarle de nuevo,
¡ES TIEMPO DE ACTUAR! No permitas que nada ni nadie te intimide, Dios espera que tu le representes ante el mundo y que como dice la palabra, “todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas…” (Ec. 9:10).