| El Tiempo Vuela |
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En la literatura se usan muchas metáforas para describir la brevedad de la vida. Se dice que es un sueño, un corredor veloz, un vapor, una boconada de humo, una sombra, un gesto en el aire, una oración escrita en la arena, un pájaro que vuela de una ventana a otra de una casa. Un amigo mío sugirió otra descripción simbólica al decir que el guion que se pone entre las fechas de nacimiento y muerte sobre las lapidas representa el breve periodo de la vida de uno. Cuando éramos niños, el tiempo parecía no pasar. Pero a medida que nos acercamos al final de nuestra vida, el tiempo se mueve con mayor rapidez, como el agua que se escurre por un desagüe. En la niñez mediamos nuestra edad en pequeños incrementos. «Tengo seis años y medio» solíamos decir, pues el hacernos mayor parecía tardar mucho. Ahora no tenemos tiempo para esas cosas infantiles. ¿Quién afirma tener 60 años y medio? Es bueno ponderar la brevedad de la vida de vez en cuando. La vida es demasiado corta como para tratarla descuidadamente. En el Salmo 90, después de describir la brevedad de la vida, Moisés oro así: «Ensénanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría» (v. 12). Para sacar el máximo provecho a nuestra existencia terrenal debemos entregarnos a la voluntad de Dios (1 Pedro 4:2). Estos lo podemos hacer incluso cuando el tiempo se está acabando. Nunca es demasiado tarde para entregarnos totalmente.
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