¿Quién Eres?
Parece ser una pregunta sencilla que requiere de una fácil respuesta, pero en el fondo no es así. Por ejemplo, si alguien me preguntara:
También podría decir que mido 6 pies y 2 pulgadas y que, actualmente, peso 223 libras aproximadamente. De todas maneras, mis medidas y mi apariencia física tampoco responden a quien soy. Si amputaran mis brazos y mis piernas, ¿seguiría siendo yo? Si trasplantan mi corazón, riñones o hígado. ¿Seguiría siendo yo? Por supuesto que sí, incluso si siguen amputando partes de mi cuerpo aun estaré allí en algún lugar. Pero insisto, ¿Quién soy? La respuesta va mas allá de lo que parece.
Mayormente tendemos a identificarnos a nosotros mismos y a los demás por lo que somos físicamente (alto, bajo, robusto, esbelto) o también por lo que hacemos (plomero, carpintero, enfermera, ingeniero, oficinista).
Incluso, cuando como cristianos nos piden nuestra identificación con relación a nuestra fe, casi siempre respondemos cual es nuestra posición doctrinal (protestante, evangélico, calvinista, carismático etc.), o respondemos cual es nuestra denominación (bautista, presbiteriano, metodista, independiente) o nuestro trabajo en la Iglesia (profesor de escuela bíblica, miembro del coro, diacono, ujier).
¿Sera que lo que hacemos determina quienes somos? o ¿lo que somos determina lo que hacemos? esta pregunta es muy importante, en especial cuando se trata de la madurez de un cristiano. Me atengo a esta última. Creo que la esperanza de crecer, siendo y cumpliendo los requisitos de un cristiano, se basan en entender quienes realmente somos, específicamente, nuestro ser en Cristo como hijos de Dios. La comprensión de quien es Dios y quien eres tú en relación a él es el fundamento más importante para tu estructura de creencia y tus patrones de comportamiento como cristiano.