
Todos hemos oído preguntar, “Que quedaría si el Espíritu Santo fuera quitado de en medio de las Iglesias?”… y todos hemos escuchado la respuesta, que no habría gran cambio porque en realidad hay muy poca influencia del Espíritu Santo en la Iglesia de hoy.
Quizás sería más fácil reconocer nuestra situación si miráramos cada aspecto de la obra de la Iglesia desde otro enfoque, invirtiendo la pregunta, “Que quedaría de la Iglesia si la actividad del hombre fuera removida? Donde estaríamos si esto sucediera?.
Tanto en nuestra actividad parece brotar más de una simpatía humana o nuestra lealtad a una decisión política, que de un vivificar del Espíritu Santo en corazón. Tanto en nuestras reuniones, nuestras actividades misioneras, nuestros deseos por avivamiento, da la impresión de ser nacido de un deseo de rectificar la condición de la tierra, en vez del de poner las cosas en armonía con la voluntad de los cielos. (Quizás la diferencia parece ser insignificante pero la fuerza motriz es totalmente otra.)
Al entrar Jesús en Jerusalén hubo un momento cuando la visión y la proclamación del profeta fueron cumplidas y por un instante, la oscuridad se levanto de los corazones Judíos. En ese momento único de luz y revelación el clamor fue “
Paz en los cielos.”
Pascal dijo que todo dolor de esta tierra se siente primeramente en los cielos. Si esto es verdad todo nuestro obrar debería ser motivado por el deseo “de rectificar la condición en los cielos.” El cielo debe estar en primer lugar en nuestros corazones, si no hemos malogrado toda la visión.
Hemos de hallar y
obrar la voluntad de Dios, satisfacer su querer y extender su reino – no tratar de que la tierra funcione bien. “Tu voluntad en la tierra como en los cielos,” no en la tierra y después en los cielos.
Volvamos a nuestra pregunta, Donde estaríamos si la actividad humana fuera quitada de la Iglesia? Quien esta de cada determinación tomada? Es Dios o es el hombre? Creo que haríamos bien al preguntarnos a nosotros mismos, Que quedaría si…? Y aplicar esta pregunta a cada meta, cada proyecto, cada reunión…
Que quedaría de nuestra música y alabanza si sacáramos todo el contenido psicológico de ritmo, sincopa, “el ataque sonoro”, adornos musicales, coreografía… Todo el asunto de cuerpos tratando de empujar almas y almas tratando de empujar espíritus?
Que quedaría de nuestra predicación si solo el mensaje nacido de Dios quedara? Si no habría floreadas explicaciones técnicas o teológicas, ninguna de las ilustraciones y anécdotas enfocadas a las emociones. Es el espíritu Santo el que nos guía en nuestros esfuerzos a transmitir la verdad?
Y que del lugar del Pastor mismo? Hace un tiempo alguien me dijo que estaba asqueado de la adulación dada a los Pastores y líderes. Que si los pastores fueran juzgados sobre los meritos de la presencia de Dios en sus vidas? Que quedaría?
Si los Pastores perdieran la conciencia de que son algo capaces, suficientes – quedaría algo?
Podríamos seguir a muchas cosas en nuestras Iglesias pero dejamos esto preguntándonos, somos quizás, como la Iglesia de Laodisea, no sabiendo que somos “desventurada, miserable, pobre, ciega, desnuda?
Creo que muchos de los que han hablado de la obra gloriosa de Dios en los días venideros han tenido una vislumbre de una medida de verdad. Sin embargo, mientras hemos escuchado de la necesidad de vacío, muerte y pobreza espiritual, parece que no hay casi ningún entendimiento de
hasta qué medida Dios necesita destruir, aniquilar, lo falso dentro de nuestras vidas y la de la Iglesia. Esta quizás la idea de que de esta Iglesia Dios habrá brotar un cuerpo glorioso. Hermanos, hay muchas pero muchísimas cosas que tendrán que ser quemadas que ni las cenizas queden.
Dios va a levantar para sí mismo (y creo que va a ser después que nuestras Iglesias, instituciones, sociedad, nación y nuestra propia naturaleza pase por su fuego)
Una Iglesia nacida y formada por Dios solo.
Una Iglesia que no necesita arrodillarse ante ningún hombre, ante ninguna organización, ante ninguna de las políticas diseñadas para mejorar la unión y comunión con los que predican “otro evangelio.”
Después de la destrucción y muerte hay un tercer día de resurrección cuando Dios “nos resucitara y viviremos delante de Él”.
Oseas 6:2
Una nueva vida en una nueva Iglesia para un nuevo día.