Cuando me mude a un área rural descubrí que mi fax transmitía mensajes pero no podía recibirlos. Todos los mensajes que llegaban se cortaban y traían estas frustrantes palabras: “Error de comunicación. Línea desconectada”.
El hombre que fue a repararlo me dijo: “Hay demasiada resistencia y ruido en su línea telefónica”. Después de dos horas de investigar, empalmar y apretar conexiones resolvió el problema.
Yo he seguido ponderando esta situación como ilustración de mi comunicación con Dios. Es fácil para transmitirle mis peticiones, pero mucho más difícil recibir los mensajes que Él quiere enviarme a mí. Mi enfoque natural es lo que yo quiero decir y no lo que yo necesito escuchar. Si dejo que la “resistencia” del pecado y el “ruido” de los afanes de esta vida se acumulen interrumpen mi atención cuando leo la Biblia, escucho un sermón o permanezco en silencio en oración.
Cuando Jesús conto una historia acerca de escuchar y responder a la palabra de Dios hizo hincapié en su argumento diciendo “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mr. 4:9).
Hoy es una nueva oportunidad para limpiar la línea de comunicación con Dios. Démosle toda nuestra atención y escuchémosle detenidamente en su palabra.