Las Armas De Nuestra Milicia
2 Corintios 10:4
La lucha del hijo de Dios es contra huestes espirituales de maldad, por tanto las armas del mundo como el ingenio, el talento, la riqueza, la capacidad de organización, la elocuencia, la propaganda, el carisma y la personalidad son en sí insuficientes para derribar las fortalezas de satanás.
Las únicas armas adecuadas para destruir los baluartes de satanás, la injusticia y las falsas enseñanzas son las que Dios da a través del poder del Espíritu Santo.
Estas armas son poderosas porque son espirituales y provienen de Dios. En otra ocasión el Apóstol Pablo enumera entre otras cosas la dedicación a la verdad, la vida justa, la proclamación del Evangelio, la Fe, el amor, la esperanza de salvación, la palabra de Dios y la oración constante,
Efesios 6:11-19, 1 Tesalonicenses 5:8.
Al emplear estas armas contra el enemigo, saldrá victoriosa la Iglesia. La presencia y el reino de Dios se manifestaran con poder para salvar a los pecadores, expulsar a los demonios, santificar a los creyentes, bautizar en el Espíritu Santo y sanar a los enfermos.
Hoy la Iglesia con frecuencia se ve tentada a enfrentarse al mundo con las mismas armas del mundo, es decir, mediante la sabiduría humanista, la filosofía, psicología, las atracciones emocionales, los espectáculos que se montan en las Iglesias y otras armas. A menudo todo eso tiende a tomar lugar de las costumbres fundamentales del N.T de la oración ferviente, la dedicación incondicional a la palabra de Dios y la proclamación del Evangelio con poder.
Las armas mundanas no pueden producir el avivamiento del Espíritu Santo, porque no pueden destruir las fortalezas del pecado, ni librar del poder de satanás, ni vencer las malas paciones que corren desenfrenadas por el mundo en la actualidad.
Si se emplean las armas del mundo, solo se lograra secularizar a la Iglesia y separarlas de las armas de la Fe, la justicia y el poder del Espíritu. Lo trágico es que la Iglesia la opaca el poder de las tinieblas y las fuerzas del mundo a sus familias y las llevaran cautivas. Amén.
Busquemos las armas del Espíritu.