No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo… 1 Juan 2:15.
El impio sistema del mundo se levanta como un enemigo del alma. David Wells define la mundanidad como “lo que cualquier cultura en particular hace para que el pecado parezca normal y la justicia parezca extraña”.
Como cristianos, estamos en el mundo, pero debemos estar en guardia contra su influencia. Nos ganamos la vida en el mundo de los negocios. Obtenemos nuestros conocimientos en el mundo académico. Nos divertimos en el mundo del entretenimiento. Vitoreamos en el mundo de los deportes. Participamos en discusiones acerca de la religión. Como el aire que respiramos, el mundo está por doquier.
En un brillante día de sol, cuando uno entra en un auditorio oscuro, al principio queda ciego por la oscuridad. Después de unos momentos, la oscuridad parece aclararse y uno puede ver de nuevo. Al poco tiempo se puede ver normalmente. Normalmente esto es, hasta que encienden las luces o uno vuelve a salir a la luz del sol y la luminosidad obliga a uno a proteger los ojos.
Los seguidores de Jesús viven en un mundo débilmente iluminado donde el pecado parece atractivo y la justicia parece deslustrada. No obstante, somos gente de luz.
Debemos estar en guardia para que no nos acostumbremos tanto a la oscuridad de nuestra sociedad que pensemos que es normal. En lugar de ello, tenemos que mantener los ojos abiertos respecto a lo que Dios declara que es brillante y correcto.