La abeja tiene una de las estructuras sociales más desarrolladas del reino animal. En el centro de la colmena, que pueda albergar hasta 80.000 abejas, se halla la reina. Sin ella, la colonia no tiene futuro. Pero las 80.000 abejas no se limitan a sentarse a contemplar su reina. Cada una tiene una tarea especializada que cumplir.
Las abejas forrajeras enfrentan los peligros del mundo exterior para reunir alimentos. Las abejas guardianas protegen la entrada de la colmena de los intrusos. Las abejas funerarias son responsables de sacar los cuerpos muertos de la colmena. Las recogedoras de agua llevan la humedad necesaria. Las yeseras ponen una especie de cemento para reparar la colmena. Y las ventiladoras se estacionan a la entrada y soplan el aroma hacia afuera para señalar la localización de la colonia a las abejas perdidas o desorientadas. Las abejas exploradoras mantienen la colmena en alerta respecto a las oportunidades y los peligros del mundo exterior. La variedad y especialización de las abejas obreras parecen interminables.
De la misma forma, el Señor ha dado dones y tareas especiales a todas las personas en su Iglesia. Nadie ha sido llamado a permanecer sentado. Todo el mundo puede hacer algo. La obra de la Iglesia no se hará a menos que todos nosotros hagamos lo que Dios nos ha llamado a hacer.